lunes, 19 de junio de 2017

CUANDO LAS BRISAS SOPLAN SERENAS. I


   Este año se celebra el tricentenario de la creación de la Real Compañía de Guardiasmarinas, que en ese tiempo ha proporcionado a la Armada los oficiales que han servido en sus filas. Con tal motivo publico en "Panorama" una versión abreviada de una crónica de mi época en la Escuela Naval Militar (ENM), que a algunos le podrá parecer excesivamente crítica, pero estimo que los muchos años que he servido con orgullo en la Armada, en su Cuerpo de Infantería de Marina, buscando -en una carrera en tiempo de paz- los "puestos de mayor riesgo y fatiga", me conceden el derecho para hacerlo como crea conveniente, en el convencimiento de que sin crítica no hay progreso.
   Es difícil expresar sin pasión lo que fueron los años de internado en la ENM, pero he intentado hacerlo “mirando hacia atrás sin ira”. Sencillamente, esta es una narración de acontecimientos que sucedieron en el siglo pasado, hace cincuenta años, en la que se mezclan hechos y opiniones, amenizados con pinceladas del ambiente y visión del mundo de los jóvenes de la época.
   
   La ENM se había trasladado desde San Fernando a la Villa de Marín en el año 1946. Sus instalaciones se asoman a la ribera sur de la Ría de Pontevedra, en un paraje que dominan los altos de Castiñeira y que adorna la isla de Tambo. En su planta y fábrica se aprecia el interés de la Armada por regenerar su Cuerpo de Oficiales, tan destrozado en la guerra civil y, a la vez, proporcionar un digno emplazamiento a una importante institución que había impartido sus enseñanzas a bordo de buques-escuela y centros en tierra en los últimos dos siglos y medio.
   La Escuela Naval se gobernaba por un régimen interior que evidenciaba el conocido problema de la resistencia de las organizaciones al cambio, que  también se manifiesta en la Marina, cuyos universos mentales están más arraigados de lo que pudiera parecer. Su sistema de formación para jóvenes de veinte años estaba inspirado en el de la época en que los Guardiasmarinas lo eran de catorce: “siempre ha sido así”, se decía, y era opinión muy extendida que el “sistema” funcionaba y producía buenos oficiales. En fin, que tengo sentimientos contradictorios de mi paso por la Escuela, muchos son buenos, pero la severidad del internamiento, el trasnochado régimen interior y algunas carencias en la formación militar marcaron aquellos años de juventud.

   En la puerta de Carlos I me reuní, con los que iban a ser mis compañeros de penas y alegrías y con los que se formaría la 1ª Brigada. Allí nos esperaban los primeros responsables directos de nuestra formación: los Brigadieres, tres alumnos del cuarto curso, acompañando al que durante quince días sería nuestro primer Comandante de Brigada.
   Los doce Aspirantes de Primero de Infantería de Marina nos alistábamos en un Cuerpo del que en la Armada estaba muy extendida la idea de que su razón de ser era dar la “tónica militar” a la Institución (sic). La idea se sustentaba en la disposición de la posguerra civil que asignaba esta misión a la Infantería de Marina, con la que el Cuerpo no se había conformado y buscaba su nueva razón de ser abrazando la guerra anfibia, invirtiendo desvelos y energías para recuperar su identidad como Cuerpo de Tropas de la Armada y como Fuerza de Combate. 

   El Cuerpo tenía entonces doce Coroneles, el mismo número de Aspirantes que ingresaban. Desde nuestra llegada a la Escuela algo quedó claro: allí los Infantes de Marina éramos con los de Intendencia y los de Máquinas ciudadanos de segunda categoría, invitados, ya que la preeminencia del Cuerpo General era omnipresente e inexplicable. Era difícil entender que la Armada no empleara todo el potencial del capital humano que cada año recibía y limitara el acceso a los puestos de responsabilidad en función de las notas de la oposición de acceso a la carrera militar o de las funciones de cada cuerpo de oficiales. En fin, baste decir que todos los puestos de cargos dirigentes, los Comandante de Brigada, y la mayor parte de los Brigadieres estaban reservados para el Cuerpo General, excepto media docena de Sub-brigadieres. No estoy seguro si hoy en día esto ha cambiado en algo. En consecuencia no puedo decir que estuviéramos en las mejores condiciones para aceptar lo que allí veíamos.

   La vida en la Escuela empezaba temprano; al toque de “diana” a las seis y media de la mañana saltábamos de la cama como autómatas y nos dirigíamos rápidamente a los servicios de los dormitorios para el aseo matutino, pues a las siete y diez había que estar sentado y callado en las mesas del Salón de Estudio. La concentración o abstracción en el Estudio venía alterada por los aires militares que la Música de la Escuela atacaba mientras se dirigía a las ocho menos cinco de la mañana a proceder al izado de bandera; “La Bejarana” y “Las corsarias” eran las marchas que mas sonaban. Al acabar el estudio había un período de gimnasia para todas las Brigadas, para luego, después de la segunda ducha de la mañana formar, todas las Brigadas en el Patio de Don Álvaro de Bazán para la diaria revista de policía de nuestro Comandante de Brigada, para comprobar si nos habíamos afeitado, limpiado las botas y llevábamos impecables nuestros uniformes: -“Primer fila al frente dos pasos, tercera fila media vuelta…” Finalizada la revista comenzaban las clases de la mañana, que duraban hasta la hora de comer. Las tardes se ocupaban en tres actividades: Instrucción Física y Deportes, Instrucción Militar e Instrucción Marinera, que estaban básicamente dirigidas por el Comandante de Brigada y algunos escasos profesores.
   En el profesorado de la Escuela había de todo; la mayoría, probablemente buenos profesionales, eran distantes con nosotros, pero también los había altaneros y jaques: “sotas de espadas”, pavoneándose delante de nosotros, su mal ejemplo también contribuyó a nuestra formación para mostrar cómo no había que ser. La Dirección de la Escuela, celosa de la tradición y de los valores del régimen, estaba investida de una suerte de misión divina: algo parecido a la que recibió Saulo en el camino de Damasco; alejada de la realidad de un mundo agitado con deseos de libertad, sus medidas casi nunca eran bien recibidas por unos alumnos que no veían la hora de salir de aquella trampa mortal. Solo la escasa libertad  del medio Sábado y el Domingo -con una pequeña ayuda de Baco- nos permitía ir tirando, imaginando que aquello no podía ser de verdad la vida militar; yo sabía que tendría un final y que luego llegaría la vida para la que creía haber nacido. 

   La Instrucción Física y Deportes no ofrecía muchas alternativas, pero al menos era al aire libre, aunque existía una obsesión por superar cada año unas marcas mínimas; además podías apuntarte a un equipo de algún deporte que te tuviera ocupado y hacer más llevaderas algunas tardes. La llamada Instrucción Militar era simplemente la instrucción de orden cerrado con mosquetón, con alguna esporádica teórica de armas portátiles. Los adoquines de la explanada de la Escuela veían impertérritos como generación tras generación, día tras día, se repetían mecánicamente los mismos ejercicios dirigidos por los Brigadieres y supervisados por el Comandante de Brigada.
   A distancia, manos en la espalda con su cabeza erguida y pelada, embutida en la gorra de plato, paseaba el marcial Capitán de Corbeta Jefe de Instrucción, quizás meditando sobre la influencia del poder naval en la vida de las naciones o pensando si formar la línea de batalla de sus acorazados sobre la columna de babor o la de estribor, mientras vigilaba de reojo nuestros esfuerzos por aprender algo que cualquier soldado aprendía en los primeros días de su período de instrucción. 
   La Instrucción Marinera del primer año -todo un desafío- además de algunas clases de nudos en el Pañol del Contramaestre, consistía simplemente en remar en botes de nueve metros, tarde tras tarde, día tras día. La única esperanza de romper la rutina era que alguna tarde te tocara al menos ir de patrón: -¡listos para dar avante!...¡aaavante!: las trirremes en Actium. Solamente en el último trimestre empezamos a arbolar los palos para poder navegar a vela en los mismos botes; otra actividad muy enriquecedora, sentados en el plan del bote esperando la siguiente orden: -¡Preparados para virar por avante!...¡larga escota de trinquete! ¡caza mayor al medio! Al menos allí estábamos tranquilos y no teníamos que remar… así día tras día: ”en paz o en guerra, en calma o tormenta hay que navegar”… como avisaba la canción “Cantinera”.

   A partir de las cinco de la tarde en que terminaban estas actividades la Escuela se convertía en el reino de los Brigadieres, que eran alumnos seleccionados entre los del último curso, y todo supervisado por el  Profesor de Servicio.  El último acto militar del día, antes de ir de nuevo al Estudio, era la formación para la oración de la tarde, para la que todas las Brigadas, al mando de los Brigadieres y presididos por el Jefe de Servicio, formaban en el Patio de Don Álvaro de Bazán. 
   Acabado el estudio colectivo de la tarde llegaba la cena en el comedor de alumnos, para a su finalización retirarse a los dormitorios en donde los Brigadieres continuaban bombardeándonos con sus sonseras, con preguntas sobre la Orden del día siguiente y cosas semejantes, mientras comprobaban si nuestras lanillas estaban bien arranchadas encima de las banquetas. Así nos tenían prisioneros hasta las diez y media, en que el corneta tocaba "silencio", momento en el cual se apagaban las luces y caíamos rendidos en un sueño profundo, aunque no siempre era así, pues a veces decidían que habíamos hecho algo mal, algún gravísimo pecado que habría hecho revolverse en su tumba al Marqués de la Victoria, en vista de lo cual nos ordenaban formar en tres minutos en el patio, vestidos del uniforme que su superior criterio determinara, normalmente para correr formados por la Escuela y recibir un ejemplar castigo colectivo. 
   Otra forma más desagradable de castigo colectivo eran las llamadas “mudas”, en la que con intervalos de tres minutos debíamos cambiarnos de un nuevo uniforme y estar formados en la explanada, así varias veces hasta que habíamos agotado todas las posibles combinaciones de nuestros variados uniformes. Los castigos individuales consistían en “cofas” y “plantones”; las primeras consistían en subir a la cofa del palo de la Escuela y permanecer allí el tiempo que te hubieran ordenado, así que los condenados trepábamos por la tabla de jarcia y arraigado para mantener autenticas conversaciones en la cumbre, a veces bajo un buen chubasco; los plantones consistían en permanecer en posición de firmes en los arcos del Casino de Alumnos el tiempo que te hubieran ordenado, normalmente en múltiplos de un cuarto de hora. Estaba claro que aquello no servía para nada, solo para confirmarte en lo absurdo de aquella trasnochada disciplina académica.  
   Aparte de estas medidas disciplinarias existían los tradicionales arrestos de fin de semana, administrados en fracciones de medio día; o sea que como no salíamos nada más que el sábado por la tarde y el domingo hasta las diez y media, a poco que te descuidaras te pasabas quince días sin ver el mundo exterior, lo que te podía precipitar en una nueva espiral de arrestos.

   La suerte nos vino a visitar con nuestro nuevo Comandante de Brigada, un buen Teniente de Navío, que se afanó en inculcarnos los mejores valores de la Marina y nos trató siempre con la consideración debida, lo que era la envidia de las otras Brigadas. 
   En el ambiente dominante solamente las asignaturas militares llamaban mi atención y en especial las prácticas de campo. Para mí y la mayor parte de los Infantes de Marina, la alegría llegaba el viernes cuando nos íbamos al campo. Poco a poco nos fuimos endureciendo y soportando las cargas que llevábamos, empezando a disfrutar de las jornadas al aire libre desarrollando nuestro oficio, en las que con un fusil en la mano y el cielo por montera te sientes el amo del mundo, y eso sí: normalmente bajo la lluvia.
   Aquel año de 1967 se implantó para las unidades de Infantería de Marina la organización del Pelotón, Sección, Compañía y Batallón del U.S. Marine Corps, lo que se hizo editando el Grupo Especial una serie de magníficas publicaciones que nos introdujeron en el arte de la moderna guerra anfibia. En nuestras salidas al campo practicábamos lo que prevenían aquellas publicaciones, de las que solo la del Pelotón estaba al alcance de los Aspirantes de Primero. De esta manera, actuando como fusileros girábamos como electrones alrededor de un núcleo, constituido por un guardiamarina que hacía las veces de Cabo de un Equipo de Fuego de cuatro hombres. Así, se nos desvelaron los misterios de sus formaciones: la cuña directa e inversa, la guerrilla y la hilera de combate; en apariencia solo geometría, combinatoria, coreografía marcial, pero algo majestuoso si se ejecuta frente al fuego enemigo, y de eso los “Marines” sabían un montón, ya que en él habían recibido su “divine spark”. 
   La instrucción de los alumnos de Infantería de Marina también incluía la ejecución en invierno y primavera de unos ejercicios tácticos de diez días de en el campo, para lo que se instalaban campamentos en zonas próximas a la Escuela. Nuestro primer campamento se organizó en la Sierra de la Grova, para lo que nos trasladamos a Bayona a bordo de los dos Patrulleros que tenían su base en Marín: el “Pegaso” y el “Proción”. Desde Bayona comenzamos una marcha hasta la zona de campamento, en donde los ejercicios tácticos se sucedían día, tarde y noche. La zona está poco habitada, solo algunas parroquias aisladas, pero es famosa por la llamada “rapa das bestas” que se celebra cuando se reúnen a los caballos salvajes que viven sueltos en aquellos parajes para marcarlos. El fin de semana del campamento nos ofreció la posibilidad de trasladarnos a Tuy de “franco de ría” en donde nos alojamos en el edificio que hoy es el Seminario Diocesano. Fueron un par de días estupendos, en los que disfrutamos de la magnífica mesa gallega y sus vinos del Rosal.

   A veces las semanas se alargaban debido a los variados arrestos que nos imponían por asuntos triviales, como: “no hacer la bola a diana”, “moverse y reírse en la formación” de clase, “llegar tarde a formación”…etc., etc., o sea: delitos terribles que suponían a veces un par de semanas sin salir de la Escuela. En consecuencia, durante el fin de semana el Casino de Alumnos acogía las penas y nostalgia de la libertad perdida que mitigábamos “sin sexo ni drogas, pero con rock and roll y alcohol”.  
   En aquellos años hicieron irrupción los grupos de “soul” americanos; solistas como Stevie Wonder, Otis Reding y James Brown, y grupos como “Temptations” “The Supremes”, “Martha and the Vandellas” y “The Four Tops” cuyas canciones sonaban en los altavoces del Casino trayéndonos sus incomprensibles letras los aires de la libertad que se respiraba en el mundo de la época.
   El primer año académico finalizó para los infantes con un campamento en la Península del Grove, cerca de la Batería de Costa de San Vicente do Mar. Allí pasamos un par de semanas magníficas, haciendo ejercicios de tiro y tácticos, en los que los de Primer Curso teníamos un papel secundario. Nuestro "Jefe de Tribu", el Coadjutor, todo un personaje legendario en la Escuela, nos permitía algunas escapadas al pueblo de El Grove a tomar algunos viáticos, de donde volvíamos todos, profesores y alumnos, con alguna taza de mas y un poco de sentido de menos. 

   Finalizado el campamento, y de regreso a la Escuela nos preparamos para el viaje de fin de curso, que hicimos a bordo de dos viejos minadores: el “Marte” y el “Neptuno”, haciéndolo yo en el segundo. El crucero nos trajo otro motivo de alegría, pues permitía que el régimen de internado se relajara y nos acercaba más a la verdadera vida de la Marina. Aquel viaje en el “Neptuno”, viviendo en el sollado de minas con coys para dormir, debo reconocer que fue formativo; visitábamos puertos, conocíamos Instituciones, y ocupábamos el tiempo hablando con los marineros, cabos y suboficiales de la dotación. La jornada comenzaba con la “diana” que repetía el altavoz de órdenes generales: “Neptuno, diana, diana, aferrado de coys y arranchado en batayolas”. 
   El viaje incluyó los puertos de Tenerife, Huelva, Cartagena, Tarragona, Cádiz, Santander, Ferrol y Marín. Tenerife nos ofreció la posibilidad de conocer algo de las Islas Canarias, y por primera vez beber el whisky con agua de Firgas y la sensación de ser marinos en puerto…con un par de ellos a bordo. En Huelva visitamos la Rábida, en donde profundizamos en el conocimiento de la gesta de Colón, que apasionadamente nos ilustró el Comandante de Marina, un singular Capitán de Navío. 
   Cartagena nos acogió con las habituales visitas, pero también supuso el primer contacto con las unidades de Infantería de Marina durante la visita al Tercio de Levante, en el que nos mostraron el moderno material de procedencia americana con que estaba dotada la Unidad de Desembarco, que luego complementaríamos con una visita en San Fernando al Grupo Especial, hoy Tercio de Armada. Aquellas dos visitas no nos proporcionaron tanto conocimiento como el legítimo orgullo de sabernos diferentes, con nuestra propia identidad, que las unidades se esforzaban en cultivar, y comprobar que había luz al final del túnel. 
   El último puerto antes de volver a Marín fue Santander, en donde juramos Bandera, bautizándonos como la Promoción Santander. La ceremonia fue presidida por el Jefe del Estado, Generalísimo Franco, y en el mismo acto se impuso la última Cruz Laureada de San Fernando de la historia contemporánea española al Coronel Palacios Cueto, por su actuación en la División Azul en el frente ruso y en su cautiverio. En Santander vimos por vez primera en acción, en una demostración anfibia en la playa de Sardinero, a las unidades del recién creado Tercio de Armada.  
   En aquel año de agitación social, mientras leíamos una domesticada prensa y alguna no tan domesticada como “Cuadernos para el Diálogo” y la revista SP; la música de Joan Baez acompañaba nuestro tiempo libre; los Moody Blues cantaban “Nights in white satin”, los Procol Harem su “Whiter shade of pale” y Simon & Garfunkel su “Sounds of silence”. Sabíamos que se avecinaba el fin de una época y que España no podía seguir siendo “diferente” como preconizaba el régimen y en verdad que anhelábamos nuevos vientos. 
   La mañana del 20 de agosto, la radio informó que las fuerzas del Pacto de Varsovia habían invadido Checoslovaquia aplastando los deseos de libertad del pueblo y terminando con el régimen liberal que se había instaurado. Nosotros, en nuestra "torre de marfil" éramos poco conscientes del déficit de libertad en que vivía el pueblo español, pero ya teníamos revistas y publicaciones que nos daban pistas de cómo debería ser nuestro futuro en libertad, que aún tardaría en llegar. 

   El Segundo Curso fue mejor que el primero, con más asignaturas propiamente militares, como la táctica y el tiro. La Táctica se basaba en las publicaciones de la Infantería de Marina de los EEUU que habían traducido y editado en el Tercio de Armada. Aquello fue una auténtica “revolución cultural” en la Infantería de Marina, un esfuerzo ingente, hecho por oficiales con la ilusión de modernizar el Cuerpo, y en verdad que lo consiguieron. Aquella táctica era poco apreciada por los viejos profesores, que se conocían la antigua táctica del Ejército de Tierra español y no parecían muy dispuestos a impulsar el cambio, que nos llegó de la mano de jóvenes Capitanes que llegaban del Tercio de Armada, quienes supieron dar un giro radical a la enseñanza y la forma de impartirla, inculcándonos los valores y espíritu que deberían animar a un buen oficial, y enseñándonos las técnicas que necesitaríamos para el desempeño de nuestra profesión. Sobre todo nos inspiraban el orgullo: el orgullo de saber que pertenecíamos a una casta de soldados, a un Cuerpo de Tropas y eso nos hacía sentirnos diferentes de todos los demás; ni mejores, ni peores: diferentes…los infantes de marina… ni mas, ni menos.
   Otro Capitán de Infantería de Marina, sólido intelectual, nos ayudó con sus clases de Pedagogía del Mando a ampliar nuestros horizontes y pensamiento crítico -por supuesto saliéndose del temario- al presentarnos nuevos límites al conocimiento, enseñándonos a “filosofar con un martillo” para conocer el fondo de las cosas. 
   Ese año se incorporaron a nuestra Brigada varios compañeros de la anterior; era la demostración de que el plan académico no estaba bien concebido, pues no parecía razonable hacer repetir un curso a gente que podría aprobar las asignaturas pendientes a lo largo del año siguiente, pero menos razonable todavía era repetir por “Espíritu Militar”, algo que no abundaba en la Escuela y cuya métrica desafiaba el sentido común de cualquier Oficial bien formado. Total que se nos incorporaron un grupo de buenos amigos, uno de ellos de Máquinas, quién formaría él solo la Promoción del Cuerpo de Máquinas de la Brigada: brillante, ¿no?...clases particulares. 
   El segundo año nos introdujo en las técnicas del tiro de Infantería y de Artillería, que comenzó siendo impartidas por una vieja gloria de la Escuela Naval. El método era casi de la Primera Guerra Mundial, basado en un anticuado texto de tiro y en las tablas de tiro de los cañones de infantería de 65/17 y de 75/13. El tiro parecía algo esotérico y científico. Ya en primer curso tuvimos ocasión de comprobar lo complejo que resultaba, cuando los Guardiamarinas pertrechados de tablas de logaritmos y tablas de tiro ejecutaban una compleja preparación topográfica antes de comenzar el fuego, en un proceso sin fin, eterno, en el que “spotters” y telémetros se visaban unos a otros conduciendo a unos interminables cálculos que producían finalmente una elevación y deriva para morteros de 81mm y cañones sin retroceso. Yo era bastante lego en el arte militar, pero columbraba que la guerra no podía ser así: con las tablas de logaritmos en la mano; quizás era la forma de demostrar que también los infantes estábamos tecnificados y sabíamos matemáticas…”pardas”. En Enero de aquel año un nuevo profesor, procedente del Tercio de Armada se encargó de demostrarnos lo anticuado de aquel extraño método de tiro. 
   En Segundo Curso nos encontramos también con la Electrónica. Si ya la enseñanza de la Electricidad en primer curso había sido de muy bajo nivel, la de Electrónica en segundo siguió la misma tónica. No comprendía por qué nuestros compañeros de Cuerpo General estudiaban -partiendo de idéntica preparación al ingreso- una Electricidad y Electrónica más avanzadas, además de Mecánica, como continuación del Análisis Matemático del primer año, y los infantes de marina continuábamos dando libros americanos muy elementales y nada de Mecánica.

   Como complemento del Crucero de fin de curso teníamos alguna navegación esporádica a bordo de buques de la Flota. Con tal motivo, en Marzo fondeó en la ría la 51ª Escuadrilla de Fragatas para una colaboración de cuatro días con los alumnos de la Escuela. Aquella tarde nos repartieron por las cuatro Fragatas, tocándome en suerte el “Vulcano”. Una vez organizadas y repartidas las guardias me asignaron la de media, así que me acosté y en medio de una noche fría y ventosa formé en cubierta con mis compañeros de la guardia de media para que nos asignaran puestos. No sé cómo ni por qué me vi en un grupo que en silenciosa fila, como la Santa Compaña, subía al puente haciendo esfuerzos para no caerse tanteando el camino entre balances y cabezadas, para finalmente entrar en el totalmente oscurecido puente de gobierno, al menos para las almas en pena que llegábamos que no veíamos ni para jurar, así que agrupados y prietas las filas cómo la falange macedónica para apoyarnos en lo que se avecinara, esperamos a que nos dieran instrucciones mientras acomodábamos nuestra vista a la escasa luz existente. 
   De repente en un altavoz situado encima de mi cabeza sonó mezclada con un chirrido de fondo una irrepetible e incomprensible frase en un idioma que parecía ingles, lo que me dejó estupefacto pues yo servía en la Marina Española, pero me quedé más aun cuando el que parecía ser el Oficial de Guardia se dirigió a mi diciéndome: - “Da el recibido” señalando hacia mi espalda. Al girarme para tratar de hacer algo positivo e improvisar algo que salvara la jornada, me encontré con un mamparo lleno de teléfonos, yo diría que mas de los que había visto en toda mi vida, así que ante esta inesperada y desesperada situación no tuve más remedio que confesarme y volviéndome hacia el Oficial de Guardia le dije : “es que yo soy de infantería”, a lo que algo nervioso y con voz fuerte ordenó: “los de infantería: al puente alto, de serviolas”…ya te digo: más de lo mismo.  

   Nuestra vida escolar continuaba, y mientras evolucionábamos arma en mano por los montes de Galicia, en los Estados Unidos sus jóvenes continuaban muriendo en la guerra de Vietnam, que seguíamos por la prensa. Pronto aprendimos nombres como Khe Sanh, Cam Ramh, el Delta del Mekong, la ruta Ho Chi Minh y vimos con pena como sus soldados, nuestros “marines”, eran recibidos sin la menor consideración a su vuelta a casa desde Vietnam. País ingrato y despreciable el que no cuida a sus soldados, reclutados por medio del servicio militar obligatorio y mandados a morir a una guerra lejana. La agitación estudiantil y la oposición a la guerra, a la que se unen los asesinatos de Robert Kennedy y el activista en la lucha por los derechos civiles de los negros Martin Luther King nos mostraban la imagen de un país dividido por la guerra. 

   El deporte no ha sido algo que se tome con interés en la Armada, más allá de la afición personal de algunas personas, como es el caso de los tiradores. Los Campeonatos de Marina de Tiro se celebraron ese año en Pontevedra, en un Campo de Tiro civil, en vista de lo cual algún visionario de la Escuela decidió que debíamos formar un equipo, cometido que se asignó a los Infantes de Marina, así que para arma larga nos presentamos voluntarios un pequeño grupo. Cuando fuimos a recoger la “artillería” nos quedamos estupefactos al comprobar que eran viejos mosquetones de principios de siglo, recalibrados al .22, así que con marinera azul, peto blanco y lepanto, pertrechados con nuestras armas de última generación (del siglo XIX) salimos, como los otrora mosqueteros del Rey de Francia a la campaña de La Rochelle, a defender en Pontevedra el honor de la Escuela Naval. Allí nos encontramos con los adversarios, auténticos maniáticos del tiro, pertrechados con un equipamiento que convertía al nuestro en ridículas antiguallas. En la primera tirada le tocó en suerte a uno de mi promoción el puesto al flanco de un Teniente Coronel que había obtenido cierta notoriedad como tirador en el concurso de la televisión “La unión hace la fuerza”. No tardó mucho mi compañero en comenzar su campaña de guerra psicológica para desequilibrar al adversario, comenzando por alabarle sucesivamente el traje con refuerzos de cuero que lucía, las gafas, las viseras con parasol y otros artilugios, lo que empezó a desquiciarle, incrementando la excitación cuando, ya en posición de tendido, le pedía continuamente silencio, pero el pobre no sabía con quien se las tenía que ver; así que empezada la “balasera” mi compañero se abalanzó sobre su anteojo de observación firmemente asentado en su trípode y apuntado a su blanco para ver sus impactos mientras le decía: -con su permiso mi Teniente Coronel, déjeme ver cómo me está saliendo…El pobre Teniente Coronel ya no pudo más y de un brinco se puso en pie mientras gritaba: -¡que me quiten de en medio a este tío! Creo recordar que un profesor con buen criterio clausuró al instante nuestra participación en la competición. 

   El campamento de verano de aquel año se instaló en la Playa de Area da Cruz en la zona de Punta Fagilda, cerca de La Lanzada, en donde podíamos hacer ejercicios integrando el fuego de nuestras armas pesadas y el movimiento de unidades de fusiles. Allí atacábamos las supuestas posiciones del enemigo con fusiles de asalto y granadas de mano, mientras los morteros de 60 y 81 mm y los cañones sin retroceso de 75 mm apoyaban con sus fuegos. El campamento incluía también prácticas de fortificación y ejercicios tácticos sin fuego por la zona y, cómo no, alguna escapada a Portonovo. 
   Después del campamento de primavera llegó el esperado Crucero de fin de Curso, que esta vez hicimos las promociones de Primer y Segundo Curso a bordo del Minador “Marte”. Tampoco esta vez teníamos mucho que hacer a bordo, pero al menos éramos los veteranos. A bordo del “Marte” íbamos los Aspirantes de Primero y Segundo, unos 120, hacinados en el sollado de minas con coys para dormir, con diminutas taquillas, servicios y duchas escasas, mas escasa aún el agua. 
   Nuestras guardias a bordo exigían un gran esfuerzo intelectual: cuartelero en los sollados, de guindola en cubierta, o de serviola, ésta última la más divertida porque además de estar en el puente alto y ver la mar, el tráfico marítimo y las costas, si tenías suerte, te podía tocar de Oficial de Guardia un Teniente de Navío, magnífico oficial, al que todos admirábamos, quien no solo nos daba conversación durante la guardia, sino que en la de alba nos invitaba a un café; unos años después perdió la vida al estrellarse en vuelo el helicóptero "Huey Cobra" que pilotaba con un "Hughes 500". 
   El crucero incluyó escalas en los puertos de Cádiz, Las Palmas, Mahón, Cartagena, Sevilla, Ferrol y Santander: todo un clásico, todas las Bases y Santander de premio. A pesar de las estrecheces de la vida a bordo, los embarques nos permitían el contacto con la Marina real, con su gente, y además disfrutar de una cierta relajación de la disciplina académica. Cádiz, Cartagena y Ferrol eran escalas obligadas, con visitas a las instalaciones de la Armada, y Las Palmas tenía el encanto de las compras, en las que invertíamos nuestros escasos ahorros. En Sevilla estuve de guardia un día, vestido con uniforme blanco cerrado, viendo poner en la cubierta cumbres, patarraes y toldos con los que al menos nos aislábamos algo del sol, aunque el calor era abrasador... "las calderas de Pedro Botero". Con la caída de la noche, y para dormir en el sollado de minas, había que colgar los coys, pero en puerto preferíamos dormir a plan liados en las mantas sobre las colchonetas de los coys, pero aquella noche con un horrible calor que irradiaban las recalentadas planchas del barco después de veinticuatro horas atracados en el río, sin una brizna de aire, no había quien durmiera, por lo que se decidió abrir las portas de popa, por las que entró inmediatamente una terrible horda de mosquitos de los que debíamos defendernos envueltos en las mantas: una difícil elección entre el calor o los mosquitos... "qué noche la de aquel día". 
   Al acabar el curso, ya con las palas de Guardiamarina, marché de vacaciones hasta el 1 de septiembre, en que debería volver a la Escuela para continuar los estudios.

lunes, 5 de junio de 2017

"SILENCIO" DE MARTIN SCORSESE. UNA BREVE REFLEXIÓN.

      Instalado en el llamado por Kierkegaard "estadio religioso", acudí a ver la película "Silencio" de Martin Scorsese, lo que me llevó a una búsqueda bibliográfica para comprender mejor una película que no te deja indiferente, pues el director ha sabido llevar a la pantalla el núcleo de la obra  homónima del brillante escritor católico japonés Shusaku Endo. La novela, publicada en 1966, se inspira en las persecuciones a los cristianos de Japón en la época que siguió a la derrota de la rebelión de Shimabara en 1637. En su novela posterior "El samurai" vuelve a plantear el choque de culturas que aparece con la mundialización ibérica.

Andrew Garfield en el papel de Sebastian Rodriguez S.J.
    
      Los contactos occidentales con Japón comienzan a mediados del siglo XVI e incluyen la llegada de los jesuitas en su misión evangelizadora, lo que puso en contacto a la tradicional cultura japonesa con la cristiana occidental. Posteriormente, la toma del poder por la dinastía Tokugawa sumió a Japón en un completo aislamiento del exterior, y a la vez la dinastía continúa aplicando la política de erradicación del cristianismo iniciada por sus antecesores y que llevó al martirio a quienes no apostataron de su fe católica. 
      La esencia de la película es la pregunta sobre la existencia de un Dios silencioso que acompaña a los creyentes en su solitaria adversidad y sufrimientos. Ya el Papa Benedicto XVI se la planteó durante su visita a Auschwitz al preguntarse: ..."Sólo se puede guardar silencio, un silencio que es un grito hacia Dios: ¿Por qué, Señor, permaneciste callado?, ¿cómo pudiste tolerar todo esto?" 
      La película de Scorsese sigue en líneas generales la obra de Endo, que se apoya en parte en hechos históricos, como la apostasía del jesuita Cristóbal Ferreira después de haber sido torturado, y el viaje a Japón de dos jesuitas para contactar con él y verificar este hecho. 

Leam Neeson en el papel de Cristobal Ferreira S.J.
    Después de pasar un período de tiempo ocultos, los dos jesuitas que aparecen bajo los nombres de Sebastián Rodríguez y  Francisco Garrpe, son denunciados por su Judas japonés Kichijiro, su guía, y capturados. Las convicciones religiosas de Rodríguez comienzan a tambalearse cuando contempla las torturas a que se someten a los creyentes japoneses, que podrían evitarse si él apostatara. Su entrevista con su antiguo profesor Cristóbal Ferreira, ya convertido en monje budista y el martirio de la "fosa" a que se somete a japoneses cristianos le llevan finalmente a la apostasía.
   En la novela parece reflejarse la idea de Endo de que  el cristianismo no puede echar raíces en Japón porque los japoneses tienen distintas concepciones de los orígenes del mundo, de la divinidad y de la vida del más allá, y son insensibles a Dios, al pecado y la muerte, y además un alto porcentaje considera que el cristianismo es un producto más de una cultura ajena a ellos; también cree Endo que para arraigar en ese país el cristianismo debería  despojarse de todo lo accidental que ha acumulado en los años de historia y volver a su esencia primitiva.
    La historia de Cristóbal Ferreira ha sido motivo de especulaciones, sobre todo tras habérsele atribuido la obra "Kengiruku": un panfleto que pretende refutar la doctrina católica, y que ha sido editado y comentado por Jacques Proust en su obra "La supercherie dévoilée". Si se aceptase su autoría, cosa poco clara, quedaría probada la  apostasía, aunque hay testimonios de su arrepentimiento al final de su vida pero que pudieran no tener una base sólida. Quizás basándose en este arrepentimiento Scorsese se permite la licencia de insinuar al final de su película que Sebastián Rodríguez siguió siendo cristiano en su interior y continuó aceptado a este Dios silencioso que lo había acompañado toda su vida.

domingo, 27 de noviembre de 2016

EL TERCIO DE LEVANTE. 1974-1976. POR TIERRA Y POR MAR X

     Esta entrada narra algunas vicisitudes ocurridas durante un corto período de tiempo en la vida en el Tercio de Levante -una unidad del Cuerpo de Infantería de Marina- mandado por un Coronel y encuadrado en las llamadas Fuerzas de Defensa y Seguridad que constituían, con el Tercio de Armada, las fuerzas del Cuerpo. Su organización reflejaba el concepto de empleo de sus unidades, de manera que contaba con una Unidad de Guarnición para la protección de las instalaciones de la Zona Marítima y una Unidad de Intervención Rápida (UNIR) como fuerza de reacción. La primera agrupaba a cuatro Compañías: dos destacadas en el Arsenal y en la Estación Naval de La Algameca respectivamente, una tercera que daba los destacamentos de seguridad para otras instalaciones de la Zona Marítima y finalmente una de Policía Naval. La UNIR, por su parte, contaba con una Compañía de Fusiles y otra de Armas. El Tercio además encuadraba a una Compañía de Plana Mayor y Servicios, una de Transporte y la Unidad de Música. 

     La nueva organización del Tercio contemplaba una Sección de Zapadores en la Compañía de Plana Mayor y Servicios, razón por la cual fui destinado allí, pero de momento la Sección no se iba a activar, por lo que pasé destinado a la Unidad de Intervención Rápida de cuya recién creada Sección Blindada de la Compañía de Armas tomaría el mando, con tres blindados de ruedas PANHARD AML-H60 y tres PANHARD VTT M3, y lo que era más importante: una sección con un Sargento y un Cabo 1º (V), y treinta cabos y soldados.

     Los AML, con una tripulación de tres personas, estaban equipados con una torre con un mortero de 60 mm de retrocarga y dos magníficas ametralladoras NF3, además de lanzadores fumígenos. Los VTT M3, eran vehículos de transporte de pelotón y llevaban una ametralladora MG en una escotilla protegida con un escudo. Tenían el mismo motor que los AML, pero por ser de mayor peso y llevar más carga solían quedarse retrasados cuando se incrementaba mucho la velocidad; el motor era de cuatro cilindros horizontales opuestos, refrigerado por aire y con un original cambio de marchas con desembrague magnético y embrague centrífugo. Los VTT llevaban radios americanas AN/VRC46, mejores que las francesas TRVP13A que dotaban a las AML. En esencia, eran vehículos muy sencillos de operar y mantener.

     Todas las semanas la UNIR programaba un par de días de campo y un par de campamentos semanales por semestre. Daba gusto ver a la UNIR totalmente motorizada salir del Cuartel con toda su impedimenta, hasta con los archivos; Marte nos sonreía desde el Olimpo. El mando de la UNIR con sus Land-Rover con buenas comunicaciones, los cañones sin retroceso de 106 mm, los morteros de 81 mm, los camiones Pegaso de la Compañía de Fusiles, los de servicios y finalmente, "la joya de la corona": la Sección Blindada. El principal propósito de los ejercicios era familiarizarse con la posible zona de operaciones y verificar el estado de protección de las instalaciones de la Zona Marítima, de manera que Las Estaciones Radio de Guardamar, Torrepacheco y Santa Ana, el Arsenal y la Algameca, así como otras instalaciones menores estaban acostumbradas a la presencia de la UNIR; aparte de esto, la unidad se adiestraba en las tácticas de combate en tierra de la Infantería de Marina. 

      La UNIR, al mando de un Comandante, era heredera de la Unidad de Desembarco Destacada (UDD) del Tercio de Armada y tenía buena cuna. Tuvo desde sus comienzos buenos Comandantes; facilitaba las cosas el que tenía en abundancia todo lo que necesitaba: munición, combustible, raciones…..etc, y sobre todo lo que tenía eran las ganas de ser una buena unidad y en verdad que lo era. Los ejercicios con fuego real eran espectaculares, de día y de noche, en el que en uno de ellos, el asalto nocturno de toda la unidad fue precedido un largo toque de “ataque” repetido en el silencio de la noche -homenaje a nuestros antepasados del Cuerpo- que enseguida apagaba el rumor de las armas y granadas de mano: nada podría detenernos... ¡estábamos listos!

    En una visita a los pañoles del Tercio descubrimos la existencia de cuatro embarcaciones IBS que estaban allí depositadas desde la disolución de la Sección de Zapadores Anfibios del Tercio. Con la ayuda de algunos amigos nos propusimos rehabilitarlas y ponerlas en funcionamiento, lo que finalmente conseguimos, siendo asignadas a la Sección Blindada, de manera que con ella y con los fusileros se podía ofrecer una capacidad más. Posteriormente, las IBS fueron reemplazadas por Zodiac con motor; así que ya se sabe cómo empezó la historia de las unidades de embarcaciones en los Tercios.

     Durante las juras de bandera del CEIM la Sección hacía algunas demostraciones bastante espectaculares, que consistían en formaciones de los vehículos, que ejecutadas a gran velocidad, con giros simultáneos y sucesivos, terminaban en línea para permitir el despliegue de los fusileros, quienes disparando fogueo llegaban a una posición de asalto desde la que lanzaban granadas lastradas que caían en una zona donde se habían enterrado cargas explosivas que explotaban manualmente a la caída de las granadas. En fin, que aquella coreografía militar encantaba a las personas que acudían a ver la jura de sus familiares y elevaba el prestigio del Tercio.

     El Tercio de Levante usaba varias zonas de ejercicios en la provincia de Murcia, una de ellas era Sierra Espuña, a donde se trasladó la UNIR con sus vehículos para instalarse en el campamento que la OJE allí tenía, para efectuar ejercicios tácticos en la sierra. El regreso se hizo andando con todo el armamento, municiones y equipo para finalizar en Tentegorra con un ejercicio nocturno con fuego real. En esta ocasión los vehículos Panhard estaban en mantenimiento, así que gozamos de las glorias de la infantería: en pié sobre la tierra, fusil en la mano, sintiéndose el amo del mundo. En el itinerario de regreso la Sección Blindada iba en vanguardia, y al ir bastante destacados del grueso paramos a premiarnos con alguna bebida en una pequeña venta en el camino. La ventera confirmó que tenían de todo. Ya apoyado en la barra el Sargento me preguntó algo así como: -Mi Teniente…, a lo que la ventera asombrada dijo: ¡Cómo! ¿qué usted es Teniente? no puede ser y ¿cómo es que leva esa mochila y viene andando desde tan lejos? ¿pero no es usted un Oficial?...No se quedó muy convencida de mis explicaciones.

     Aparte de nuestras actividades de adiestramiento teníamos las propias de ser las tropas de marina de la plaza, lo que suponía abundantes honores militares, para los que formábamos una Compañía de honores en la que los Tenientes alternábamos en la función de abanderado. Los tiempos de preparación de la Compañía me permitieron tratar al Director de la Banda y Música del Tercio, un veterano Comandante Músico, del que admiraba el orden y disciplina que mantenía en su unidad, con la que se aplicaba en sacar a la luz antiguas composiciones, preparando otras nuevas o incluyendo innovaciones como introducir un fragmento de la música que acompaña la aparición de Boris Godunov en escena en la ópera de Musorgsky en el tiempo que transcurre desde que termina la música de los honores hasta el momento que el Capitán de la Compañía se presenta ante la autoridad a darle la novedad. Se le veía disfrutar con la música militar, pero me temo que sus desvelos nunca fueron bien valorados, pues en la copa de despedida el día que se retiraba nos decía en sus palabras, con lágrimas en los ojos, que sus desvelos con su unidad nunca fueron reconocidos con una condecoración y que la única que tenía se la habían concedido cuando se le encargó de la policía de los servicios generales del Cuartel; a mí se me caía la cara de vergüenza al presenciar aquel triste lamento.

     El momento cumbre para la vida cuartelera del Tercio de Levante se aproximaba a la llegada de la Semana Santa y la preparación del famoso “Piquete” ¡lo máximo para los cartageneros! y con el que el Tercio se jugaba el honor escoltando al paso de San Pedro Californio, que saliendo del Arsenal recorría las calles de Cartagena en la noche del Martes Santo.

     El Teniente al que asignaron el mando del piquete se entregó con ganas para preparar una buena unidad, en la que abría marcha el Maestro de Banda del Tercio, todo arte militar y prosopopeya, marcando con la “porra” la cadencia del paso y las entradas de la banda. El día de la procesión la verdad es que daba gusto ver la marcialidad con la que marchaban y los aplausos con que premiaban los cartageneros los sucesivos cambios de hombro de las armas que la tropa ejecutaba marchando.

     La seguridad de las instalaciones navales de la Zona Marítima era nuestra principal preocupación; el terrorismo interior estaba activo y el exterior de origen islamista amenazaba el tráfico petrolero que llegaba a la Refinería de Escombreras, en consecuencia, a menudo se organizaban dispositivos especiales de seguridad a los que el Tercio contribuía con un Pelotón para la protección de los muelles de Escombreras y un destacamento para el Centro de Defensas Submarinas de “Trincabotijas”. 

     Durante uno de mis servicios como Oficial de Guardia Militar se activó uno de estos dispositivos cuyo jefe, excelente profesional y mejor persona, ante la monotonía del servicio degustó algo de mas los caldos de la zona; en consecuencia, a la caída de la tarde, "pintando copas", ya era miembro de honor de la "Parranda de Baco". Al comprobar que las adversas condiciones meteorológicas obligaban a entrar en puerto al patrullero de la Armada que cubría el sector de mar, decidió ir a cumplimentar a su Comandante, como sabiamente previene el ceremonial marítimo: una especie de visita de cámara, y ante su perplejidad le informó de que a la vista de que en la mar no había ninguna unidad “él tomaba el mando de la operación”. Alrededor de las once de la noche se recibió en el Cuartel la orden de retirar el dispositivo, y al comprobar que la unidad se retrasaba mucho en regresar al acuartelamiento, llamé a Trincabotijas, donde estaba la Estación de Defensas Submarinas, informando el Cabo del destacamento que allí tenía el Tercio, que estaban esperando la llegada del Sargento para regresar todos juntos. Mientras decía estas palabras se oía por teléfono el fragor de un denso tiroteo y al preguntarle qué era lo que sucedía, respondió impertérrito que les atacaban, por lo que le ordené que repeliera la agresión e inmediatamente se alertó la reserva. Pasados unos minutos llamé otra vez para preguntarle cómo iban las cosas, a lo que también con gran calma respondió: “ya salimos para ahí”, lo que me dejó perplejo y al preguntarle por los tiros me dijo: - “ah, era el Sargento que llegaba”.
     A su regreso al Cuartel el Sargento entró con la mirada extraviada en el cuarto del Oficial de Guardia, sentándose sin más preámbulo e informando, mientras arrastraba sus palabras, que no había habido ninguna novedad y que “a la vista de que el comandante del Patrullero no se atrevía a seguir en la mar, él había tomado el mando de todo el dispositivo”. Al preguntarle por la razón de los tiros, se quedó pensativo, añadiendo sin pestañear: - “¡ah! ¿los tiros?... ya lo pondré en el parte de campaña”. En fin; solo le faltaba mostrar los "spolia opima" de la campaña.
     Esto sucedía a las dos de la madrugada, pero alrededor de las siete, penitente y compungido, ya casi sin efluvios de alcohol y con la cara transfigurada se presentó de nuevo con gran alarde de disciplina y ceremonial militar, espantado de su actuación de la noche anterior y consciente de la trascendencia de su actuación, en especial de su decisión de comprobar el grado de alerta del destacamento de Trincabotijas abriendo fuego con su pistola. La consecuencia de sus disparos fue la demostración de que el destacamento estaba alerta, y en consecuencia respondió con el nutrido fuego de fusiles de asalto que yo oí por teléfono; pero no quedó ahí la cosa, pues no solo la Infantería de Marina acudió al fuego -con razón o sin ella- pues la guardia de la Batería de Costa del Ejército de Tierra de las inmediaciones al creer que les atacaban, también abrieron fuego, así como la Patrulla de la Guardia Civil que por allí andaba. Fue milagroso que el incidente se saldara sin bajas. Los “partes de campaña” de todas las “facciones enfrentadas” acabaron en la mesa del flamante y nuevo Capitán General, cuyo Estado Mayor alertó de las marciales medidas disciplinarias que se avecinaban, por lo que mi buen Sargento se debió de pasar un par de días preparando su equipaje para admirar Cartagena desde uno de sus castillos; sin embargo la suerte le acompañó, pues un par de días después el Almirante hizo su primera visita Oficial al Tercio y no quiso empezar su mando despachándolo al Castillo de Galeras, por lo que decidió archivar las actuaciones.
     En la Sección Blindada comenzaron a aparecer algunos problemas con los vehículos, lo que ponía de manifiesto que no eran totalmente nuevos, sino de segunda mano del Ejército Francés y rehabilitados. El mantenimiento en el Tercio era bueno, teníamos una buena Sección de Transportes con técnicos bien preparados, pero no contábamos con los suficientes repuestos ni toda la documentación de apoyo. Resultaba a toda luz evidente que aquella compra no estaba bien planeada ni hecha. La avería más grave, que sucedió un par de veces, era la perforación de la cabeza de un pistón, lo que obligó a venir técnicos de PANHARD, quienes al principio nos miraban con cierta desconfianza, hasta que la perforación de la cabeza de un pistón en un VTT, con motor nuevo, conducido en carretera por un técnico de PANHARD vino a confirmar que hacíamos bien las cosas.

     Un buen fichaje para la Sección fue un Cabo Especialista con el que me une desde entonces una estrecha amistad. En la época era un adolescente de 17 años, con su moto de pequeña cilindrada y buenas cualidades guerreras y otras juveniles no tan buenas, que hacían sacar de sus casillas al Sargento de la Sección. Mi enlace y operador de radio era un Cabo 2º procedente del reclutamiento obligatorio, un simpático mallorquín, al que gustaba la vida militar, por lo que decidió alistarse como especialista y continuar la carrera militar cómo suboficial. La Sección escogió como mascota a un cachorro de pastor alemán, bautizado “Don”, y que nos acompañaba animando nuestra vida diaria. 
     Mientras nosotros procurábamos tener una buena unidad -y en verdad que la teníamos- en el sudeste asiático continuaban los conflictos, y aunque parecía que a Camboya llegaba la paz con la toma del poder en Abril del 75 por los Khemeres Rojos de Pol Pot, sucedió todo lo contrario y el mundo durante años no hizo caso a las atrocidades que cometió su régimen en aquel desgraciado país. El nuevo régimen de Camboya desafió a los Estados Unidos al capturar el mercante porta-contenedores de bandera norteamericana “MAYAGÜEZ”, lo que precipitó una operación de rescate el 15 de Mayo del 75, que se saldó por parte de unas poco preparadas fuerzas americanas, con 38 muertos. La retirada de Vietnam y la desmoralización consiguiente estaban entre las razones del fracaso, aunque se liberó el buque. Años después conocí a un Teniente Coronel de Marines, que participó en la operación como controlador aéreo (FAC) y que fue herido cuando su helicóptero CH53 fue derribado por fuego antiaéreo de los “khemeres rojos”.
     Mi conocimiento del inglés también me proporcionó la ocasión de ir a Carboneras en Almería, de Oficial de Enlace de las fuerzas del Grupo Anfibio de la VI Flota de los EEUU que allí iban a hacer ejercicios. El continuar los contactos con los “Marines” era muy atractivo y siempre aprendía algo nuevo, trayéndome alguna de sus últimas publicaciones tácticas. 
     En la UNIR se trabajaba mucho y nos empeñamos en escribir los procedimientos de empleo de la Sección Blindada, para lo que adquirimos varias publicaciones del Ejército sobre las unidades de Caballería y en base a la experiencia y el material con que contábamos, redactamos unos apuntes sobre la organización y empleo de la unidad, de manera que cuando la Comandancia General encargó a la Junta de Reglas de Infantería de Marina la elaboración de un Reglamento de empleo de la Unidad, la aportación del Tercio de Levante fue sustantiva.
   En Noviembre de 1975, la debilidad interna española es aprovechada por nuestro vecino marroquí el rey Hassan II, quien organiza la denominada “Marcha Verde” para ocupar el Sahara Español, lo que motiva el embarque del Tercio de Armada y su traslado a Canarias por si tuviera que intervenir. Finalmente el Gobierno cede a la presión marroquí, en evitación de males mayores en el momento ya próximo de la muerte de Franco, y firma con Marruecos los acuerdos de Madrid por los que trasfiere la administración del Sahara a Marruecos y a Mauritania. Finalmente el 20 de Noviembre de aquel año fallece el General Franco, siendo sucedido el 22 de Noviembre por el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, a título de Rey. 
     Unos días antes de la muerte de Franco, cuando ya se veía como inevitable, fui designado como oficial de una sección de una Compañía de marinería que debería trasladarse a Madrid para rendir honores fúnebres. Durante las tardes de unos diez días ensayamos en el Arsenal los honores fúnebres, hasta que en la madrugada del 20 de Noviembre nos trasladamos a Madrid. Allí en uno de los cuarteles del Ejército en Campamento nos reunimos con otras dos Compañías de marinería que venían de Cádiz y de Ferrol. 
Fueron unos días muy interesantes, pues Franco había estado omnipresente en nuestras vidas y a partir de ahora íbamos a ser dueños de nuestros propios destinos, pero no sabíamos cómo iba a ser aquello y había muchos riesgos e incertidumbres.
   En nuestra primera noche en Madrid los oficiales fuimos invitados a visitar la capilla ardiente del Caudillo instalada en el Palacio de Oriente. Era algo que difícilmente hubiéramos podido hacer, ya que para acceder a la capilla había que hacer larguísimas colas que se extendían por las calles que llevan a Palacio. Por la puerta de la Armería subimos al Salón de Columnas, donde estaba expuesto el cadáver de Franco, y en donde nos incluyeron en la fila que hasta allí llegaba para rendir el último homenaje a quien desde 1939 regía los destinos de los españoles. El tiempo hace olvidar las cosas, pero las manifestaciones de duelo y la presencia de gente sencilla en la capilla ardiente y en el funeral evidenciaban que Franco contaba con un gran apoyo entre la población, aunque su régimen era impresentable para las sociedades democráticas occidentales.
   El día del entierro hacía un frío horrible. Formados delante de Palacio de Oriente, pelados de frío, veíamos caer a nuestro alrededor a componentes de la Guardia de Franco, que formaba a nuestro flanco derecho, así como de otras compañías; sorprendentemente nuestros marineros se portaron bien, a pesar de tener la “bayeta” como todo abrigo, mientras veíamos como el sol iba levantando e iluminando cada vez más abajo las paredes del Palacio Real, esperando que llegara pronto a calentar algo a nuestra Compañía. En medio de la función, en la solitaria acera del Palacio justo enfrente de nosotros, había un barrendero de Madrid, quien agarrado con sus dos manos a la escoba y con su carrillo de basura lloraba a lágrima tendida sin poder resistir la emoción del momento. La vida continuaba para los españoles: el muerto al hoyo, y el vivo al bollo.
     El ceremonial previsto contemplaba la marcha a paso lento del cortejo fúnebre escoltado por los cuatro Batallones allí formados desde el Palacio de Oriente hasta el Arco del Triunfo en La Moncloa, pero debido al frío, sobre todo el que pasaban los que esperaban en el Valle de los Caídos, se suspendió el cortejo fúnebre, embarcándose el féretro de Franco en un camión del Ejército, ante el que desfilamos las fuerzas que nos encontrábamos en la Plaza de Oriente. 
     La agonía a la que su camarilla sometió a Franco, prolongando artificialmente su vida fue algo incalificable; todos éramos conscientes de que aquello se acababa y que aquel pobre anciano moribundo debía haber transferido en vida su responsabilidad al Príncipe, pues no cabía en cabeza humana que se recuperara de sus dolencias. Finalmente, a su muerte, y tras la asunción de la jefatura del Estado por el Rey, Adolfo Suárez fue nombrado Presidente del Gobierno, iniciando inmediatamente movimientos en dirección a la democratización de España, cambiando por medios legales el Régimen desde dentro y estableciendo acuerdos con la oposición.  
   En Enero de 1976 conseguí vencer mis recelos a dejar el Tercio de Levante, y finalmente decidí solicitar cambio de destino a la Agrupación de Infantería de Marina de Canarias. No fue fácil y me costó mucho, ya que estaba muy a gusto con la magnífica Sección Blindada y su extraordinaria gente, pero pensé que sería una buena experiencia pasar unos meses en las Islas Canarias y conocer otra unidad del Cuerpo. 






domingo, 23 de octubre de 2016

POR TIERRA Y POR MAR IX. 50º ANIVERSARIO DE LA UOE





LA UNIDAD DE OPERACIONES ESPECIALES (UOE)
DE LA INFANTERÍA DE MARINA. 1966-2016
Presentar la historia de la UOE necesitaría un trabajo de mas profundidad que una entrada en un blog, pero la celebración del 50º Aniversario de su creación, cuando todavía resuenan los ecos de los actos del Aniversario, demanda dedicarle estas líneas para recordar a esta emblemática y singular Unidad del Cuerpo de Infantería de Marina y, en especial, a todos cuantos sirvieron en ella. En vista de que escribir historia es elegir, esta entrada es solamente una síntesis histórica que pueda atraer la atención de aquellos que conocen bien este asunto; también de los antiguos "Boinas Verdes" que puedan tener  una visión parcial de los recuerdos de su estancia en la Unidad y de los que pudieran acercarse a este asunto con curiosidad. 
En consecuencia, estas líneas se concentran en identificar las fases que caracterizaron la evolución de la Unidad; en como obtuvo sus capacidades más significativas y que obstáculos encontró en su evolución, con el convencimiento de que sin análisis crítico no se puede explicar el pasado. 
En esta entrada se trata la historia de la UOE sin destacar en particular a ninguna persona que haya servido en ella, a pesar de que  muchos hicieron una contribución sustantiva, pero todos y cada uno colaboraron a darle el prestigio de que gozó. Pero es de justicia citar a su primer Capitán, Don Julio Yáñez Golf, quien supo inculcarle un espíritu que perduró durante casi medio siglo, y sin cuyo empuje y determinación la UOE no hubiera llegado a consolidarse. 

1. LA FASE FORMATIVA
La historia de la UOE se puede dividir en tres etapas: una primera, o Fase Formativa, que va de 1957 a 1970; una segunda, o Fase de Consolidación, de 1970 a 1996;  y una tercera o final, o Fase de Plenitud, que va de 1996 a 2009.
La Fase Formativa se caracteriza por los esfuerzos de avanzar en la obtención de una capacidad orgánica de Operaciones Especiales, pero para entenderla bien, conviene recordar primero en qué ambiente fructificó la idea de constituir una Unidad de Operaciones Especiales.
Es sabido que en 1931 la República disolvió el Cuerpo de IM, siendo restablecido durante la guerra por ambos bandos combatientes. Al concluir la guerra, una Ley de 1940 reconoce en su preámbulo que "...(la Iª de Mª) no evolucionó al ritmo de las necesidades de la Armada, encontrándose en el momento actual con una gloriosa historia, pero sin misión definida".  En vista de lo cual, en un alarde de imaginación del legislador que deja sin aliento, el Artículo 1º le asigna la misión de, "dar con su irreprochable presencia la tónica militar destacada en buques y dependencias...", añadiendo también la  de guarnición de Arsenales y centros en tierra, el manejo de ametralladoras pesadas y ligeras de la defensa antiaérea, y la defensa pasiva.
Sorprende ver como la Armada de esa época  carga  sobre la Infantería de Marina su propia incapacidad de dotarla de una organización y misión adecuada. Hubo que esperar hasta 1968 para que, interiorizando las lecciones de la Segunda Guerra Mundial -terminada 23 años antes- la Infantería de Marina recibiera una misión digna y propia de una Armada con ambición.
El General Gamundi, que vivió aquella época, afirma en su libro "El retorno del Fénix", que no le gustaba lo aprobado, y pensaba: "...arranquemos así, con esa misión, que ahora es la que necesitamos...después ya corregiremos"... Evidentemente, como refleja el General, el Cuerpo no estaba satisfecho con aquella misión, de manera que a comienzos de los años 50, comienza a madurar un espíritu de transformación que materializara la vocación de fuerza para la proyección del poder naval en tierra, y en ese ambiente surgen por iniciativa de  entusiastas oficiales en  1952, la Compañía de Escaladores en el Tercio del Norte  bajo la inspiración del Capitán D. Alfredo Díaz del Río Darnell, o en 1953 la Unidad de Zapadores Anfibios en el Tercio de Baleares, con el Teniente D. Antonio Gorordo Alvarez, comenzando así las primeras experiencias en el campo de las Operaciones Especiales.


En 1953 el Acuerdo de Cooperación con los EEUU proporcionó la ocasión de dotar a la Armada con una incipiente capacidad anfibia y  a la vez materializar la transformación de la Infantería de Marina con la llegada de material, doctrina y procedimientos para realizar operaciones anfibias. Así, en 1957  se crea el Grupo Especial de Infantería de Marina, en el que se integran la Compañía de Escaladores Anfibios y una Sección de Zapadores Anfibios, lo que marca el momento culminante de la Fase Formativa de la UOE.

Unos años después, en septiembre de 1966, tras propuesta del capitán Yáñez Golf, con su característico empuje y entusiasmo, se organizó y comenzó su adiestramiento una Compañía de Operaciones Especiales  sobre la base de la de Escaladores Anfibios, teniendo por lema "soy capaz".

2. LA FASE DE CONSOLIDACIÓN
Con la reorganización del Cuerpo de IM de 1968 se crea el Tercio de Armada, en cuya Agrupación de Desembarco (AD) se encuadra en 1970 la Compañía de Operaciones Especiales, ya con la denominación de Unidad de Operaciones Especiales (UOE), que ahora entraba en su Fase de Consolidación, en la que avanza en la obtención de todas las capacidades necesarias y en la elaboración de Tácticas, Técnicas y Procedimientos. La unidad se dota con una Plana Mayor; una Sección de Reconocimiento y Asalto; una de Escaladores Anfibios; y otra de Zapadores Anfibios, además de una Sección de Capacitación; en esta Fase comienzan a denominarse Estoles a sus Secciones.
El encuadramiento en la AD no facilitaba la evolución de la UOE, que tenía especiales necesidades que demandaban experimentación e innovación, pues en el TEAR tenía dos niveles orgánicos superiores, lo que hacía que tanto la Plana Mayor de la AD como el Estado Mayor tuvieran la posibilidad de impulsar o poner obstáculos a las propuestas de la UOE, cosa que sucedía a menudo, aunque también hubo honrosas excepciones, sobre todo a partir de que oficiales procedentes de la UOE ocuparon estos puestos.
A falta de una doctrina específica de OE, el Sistema 112 asignaba a la UOE la responsabilidad de mantener equipos de especialistas permanentemente adiestrados y preparados para una serie de cometidos genéricos, como: incursiones, reconocimientos, destrucciones, sabotajes, enlaces con guerrilleros y captura de prisioneros, que requerirían precisarse en el futuro. Esto supuso un esfuerzo normativo para elaborar las tácticas que definieran y desarrollaran las capacidades y lograr así la consolidación orgánica y operativa de la Unidad.
La clave de bóveda de la estructura normativa era la doctrina aliada para operaciones anfibias ATP 8 y sus publicaciones derivadas, bajo cuya inspiración y algunas del USMC se comenzó la redacción de la RIM "Reconocimiento" que cubría aspectos como los reconocimientos inmediato, a distancia y en profundidad, que la UOE realizaba hasta que se crearon las secciones de reconocimiento de los Batallones de Desembarco.
Las técnicas y procedimientos operativos fueron a la vez el objeto de otro esfuerzo para redactar y sancionar el empleo de las plataformas de inserción navales y aéreas. Además se contribuyó a la presentación de requisitos operativos para modificaciones de patrulleros y submarinos. De esta forma surgieron las publicaciones para las Operaciones con buques de superficie, con submarinos, helicópteros y aviones. Estos procedimientos permitirían operar con seguridad, aceptando serenamente riesgos razonables, pues establecían con detalle las técnicas a emplear, los mínimos meteorológicos y de estado de la mar, en el convencimiento de que cuando se violaran los procedimientos las cosas sucederían, y casi nunca buenas.

En 1982, después del ingreso de España en la OTAN, comenzaron a llegar nuevas publicaciones que fijarían la doctrina y procedimientos, aunque se separaban poco de las ya establecidas.
Desde 1983 hasta 1988, en el marco de una amplia y poco razonable reforma de la organización del Cuerpo, se cambió el nombre a la UOE para llamarla Comando Anfibio Especial (COMANFES) manteniendo aproximadamente la misma organización, pero su mando pasó a ser de Tte. Coronel, con un Comandante 2º Jefe, y ya dependiendo directamente del General del TEAR.
2.1. El Reclutamiento e Instrucción. 
Desde su establecimiento, la Unidad se nutrió de cuadros de mando y tropa del Cuerpo, voluntarios para servir en ella, que aceptaban los riesgos y peligros asociados a sus especiales cometidos.
La preparación específica en las necesarias técnicas y tácticas se fue desarrollando con el tiempo. Ya en 1958 había realizado el Curso de Mando de Unidades de OE el primer Oficial de IM, interrumpiéndose la asistencia a este curso hasta 1965, para continuar desde entonces anualmente. El primer Cabo 1º lo hizo en el año 1967. Posteriormente, fueron asistiendo al curso los Oficiales, Suboficiales y Cabos 1º procedentes de la UOE, o que irían a integrarse en ella.
El grueso de la Unidad lo constituía el personal de tropa procedente del reclutamiento obligatorio, los Cabos Especialistas y los Voluntarios Normales de compromiso más largo. El reclutamiento de este personal se hacía en el Centro de Instrucción de IM a donde se trasladaba un equipo de Captación, para convencer a los más decididos de las bondades de hacer el servicio militar en una Unidad a la que nunca olvidarían. Siempre hubo numerosos voluntarios, que debían pasar una selección previa antes de incorporarse a la Sección de Capacitación de la Unidad y poder lucir, desde 1967, la boina verde, que se declara reglamentaria en 1972, lo que supuso un impulso a la moral, a pesar de algunas voces en contra, que no creían necesaria ninguna distinción.
La vida en la UOE proporcionaba estímulos que la hacían agradable. En el año 1971 llegó el reconocimiento oficial a la especial preparación del personal de la UOE con la creación de la aptitud de Operaciones Especiales para tropa, lo que llevó consigo el ascenso a Cabo 2º a la finalización del Curso de Capacitación. Esto suponía que el empleo militar mínimo sería de Cabo 2º.

El Curso de Capacitación sentaba los cimientos, e inculcaba el espíritu necesario, para integrarse en la "casta guerrera" que era la Unidad, con su sólida camaradería y profesionalidad, y aunque su dureza y las bajas que en él se producían influía en la reducción del número de voluntarios, nunca faltaron jóvenes decididos a lucir la boina verde.
Con la llegada de la profesionalización de las FAS, se entra en otra fase en la formación de los miembros de la Unidad, pues la responsabilidad pasó a la Escuela de IM, en donde se desarrollaba el Curso de Aptitud de OE para Tropa, al que se integraban instructores de la Unidad.
Esta fase, supuso una reducción de efectivos, pues no se captaban suficientes voluntarios y algunos abandonaban el curso ante su exigente programa.  Esta reducción iba a suponer una mayor tasa de encuadramiento, pero a la vez iba preparando a la Unidad a la realidad de los cometidos de los Equipos Operativos de las unidades de OE modernas, que no requerían tantos efectivos como los que proporcionaban los Estoles para los cometidos habituales.
La Unidad convenció al mando de la necesidad de seguir avanzando en la especial preparación de sus componentes; de esta manera, se incrementaron el número de Oficiales y Suboficiales que asistían al curso de Operaciones Especiales, se continua con el de Esquí y Escalada, el de Buceador de Combate, Elemental, y Buceador Ayudante, Mando de Unidades paracaidistas, Básico de Paracaidismo de Tropa, salto de Apertura Manual, Señalador Guia, HALO/HAHO, Plegadores, FAC...además de las especialidades y aptitudes propias de Oficiales o Suboficiales, como Informática, artillería, comunicaciones, zapadores... a los que asistían los componentes de la Unidad, que pasaban a servir en otras unidades del TEAR llevando a ellas el espíritu de la UOE, y que a su regreso incrementaban el saber colectivo de la Unidad.
Con el paso de los años era evidente la influencia directa que el espíritu, estilo y técnicas de la UOE tenía en el resto de la IM; si las técnicas de instrucción de combate, de preparación física se extendieron rápidamente en las unidades del TEAR y la EAIM por los oficiales, suboficiales y Cabos 1º que habían servido en la UOE, no tardó tampoco mucho en extenderse el legítimo orgullo que imperaba en la UOE de pertenecer a un cuerpo de tropas varias veces centenario y de sentirse por encima de todo, soldado, cualquiera que fuera el empleo militar que se ostentase.

2.2. El armamento, material y equipo. 
El lograr el armamento, material y equipo necesario, requirió un esfuerzo continuo en el tiempo para justificar su necesidad, pero poco a poco se fue logrando. Desde su establecimiento, la Unidad fue equipada con el material en uso en el Cuerpo en aquellos años, así como otro heredado de la Compañía de Escaladores. Las nuevas peticiones para poder llevar a cabo sus cometidos fueron poco a poco atendidas, de esta manera llegaron las primeras embarcaciones IBS con sus bastidores y motores, sustituidas posteriormente por varios modelos de las más modernas Zodiac; nuevas mochilas y material para escalada, armas individuales y colectivas, munición y explosivos. El material de comunicaciones fue también mejorando en calidad con nuevos equipos que permitirían garantizar el enlace en una unidad que se empleaba habitualmente de forma dispersa.

Al final de los años 70 hubo un reorientación en el énfasis que se daba al adiestramiento, pues se ordenó que la Unidad se dotara de una mayor especialización y eficacia en los cometidos de Acción Directa. Esto supuso la llegada de nuevo armamento y equipo. Nuevas pistolas, subfusiles, silenciadores, fusiles de precisión, equipos de visión nocturna, nuevas embarcaciones y motores, uniformes, mochilas...etc.  El equipamiento de la Unidad parecía que empezaba a tener una prioridad más alta, aunque faltaba un apoyo decidido para dotarla del armamento, material y equipo especializado para el cumplimiento de sus cometidos.

2.3. La capacidad de buceo
La incorporación a la UOE de una magnífica unidad, como la Sección de Zapadores Anfibios con su exclusiva capacidad, supuso un significativo refuerzo y una servidumbre. La capacidad se derivaba de la utilización del material de buceo que se incorporaba al cargo de la Unidad procedente del CBA, celoso custodio de este material. La estricta reglamentación del buceo en la Armada obligaba a tener un título emitido por este centro para poder utilizar su material, lo que impedía que quien no lo tuviera, no pudiera adiestrarse en técnicas tan elementales como la natación de superficie.
Pero es que además el CBA se negó siempre a ceder a la UOE, para sus buceadores de combate del Estol de Zapadores Anfibios, los equipos de circuito cerrado, que son los verdaderamente útiles para las misiones de combate, que solo estaban disponibles para el adiestramiento de la UOE cuando ésta se trasladaba a Cartagena. Esta incomprensible oposición lastró el desarrollo de la capacidad subacuática avanzada de la UOE y afectó seriamente a su futuro.
Por supuesto que podría haberse dotado a la UOE con los medios necesarios y su mantenimiento hubiera sido un problema menor para la capacidad del TEAR. Es probable que Tritón, como dios mensajero de las profundidades marinas, pudiera revelar la razón de este permanente e injustificado rechazo del CBA que, en el mejor caso, solo puede atribuirse al arbitrario ejercicio de su autoridad sobre un asunto que consideraba de su exclusiva competencia.
La servidumbre consistía en estar disponible para realizar las comisiones que la Capitanía General de la Zona considerara que requerían la capacidad de buceo. Como contrapartida ofrecía, por ejemplo, la satisfacción de proporcionar ayuda humanitaria a personas en desgracia, o proteger a la navegación en aguas interiores. En el año 1983, con la creación de los Núcleos de Buceo de la Zonas Marítimas, desaparecen las misiones subacuáticas que tenía asignadas la UOE, constituyéndose el Estol de Zapadores Anfibios en el tercer Estol de Operaciones Especiales, manteniendo su capacidad de buceo.

2.4. La capacidad paracaidista 
La historia del paracaidismo también evidencia las dificultades que encontró la UOE en su evolución. Los primeros cursos de OE en la EMM de Jaca incluían el de mando de tropas paracaidistas, lo que llevó a dos Oficiales a participar en 1967 en el primer lanzamiento durante el ejercicio hispano-francés "Atlantide 67". Posteriormente se elevó al EMA una propuesta para reconocer esta aptitud en la UOE, propuesta que fue remitida a la Escuela de Guerra Naval, como órgano complementario del EMA, que recomendó rechazarla, pues no consideraba que fuera necesario emplear el lanzamiento paracaidista para que la Iª de Mª ocupara una cabeza de playa. Con este rechazo se llegó hasta el momento en el que la cuantía del personal titulado obligó a su reconocimiento formal individual, aunque no se reconocía a la UOE como unidad paracaidista, lo que remitía ad calendas grecas la posibilidad de dotar a la unidad con paracaídas.

Mientras tanto, se fue consiguiendo poco a poco el mantenimiento de la aptitud con las reválidas y con la incalculable y leal colaboración de la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas, con la se estableció una estrecha y duradera relación de camaradería. A la vez, se enviaba a la Escuela de Paracaidismo del EA a personal de la UOE para los cursos de especialización de señaladores-guías, apertura manual y plegadores.
Un hito fundamental fue el reconocimiento en 1980 para la tropa la Aptitud de Cazador Paracaidista, lo que supuso poder formar patrullas con oficiales, suboficiales y tropa a las que asignar cometidos tácticos. Esto marcó  un salto de calidad en la evolución de la UOE.
Todavía faltaba dotarla de paracaídas, por lo que para solventarlo, un Comandante de la Unidad acudió a la Brigada Paracaidista, que cedió un pequeño lote de paracaídas de apertura manual y automática, lo que permitiría los lanzamiento desde helicópteros de la Armada, teniendo lugar el primer salto en apertura manual en 1982.
En 1984, ante la evidencia de los hechos consumados, la Armada adquirió paracaídas para la UOE, lo que permitió descargar a la Escuadrilla de Zapadores del apoyo que prestaba, al contar finalmente con el material y el personal necesario para efectuar con seguridad los lanzamientos.

La llegada de trajes secos permitió también efectuar los primeros lanzamientos al mar y demostrar en ejercicios con los aliados el nivel de desarrollo que había logrado la UOE, como por ejemplo: cuando en un ejercicio con el SBS de la Iª de Mª británica se saltó de noche al mar desde un avión de la RAF para incorporarse a un submarino francés desde el que llevar a cabo una acción en la costa española; también demostró esa capacidad durante un ejercicio de la OTAN, con el lanzamiento táctico nocturno en apertura manual  de una patrulla de la UOE, con otra del 2º REP, sobre Cerdeña saliendo desde bases en Córcega.

2.5. El Adiestramiento. 
Para poder llevar a cabo los cometidos asignados la unidad llevaba a cabo un exigente adiestramiento que permitía conjuntar a los Estoles y a la Unidad como un todo. Había una continua participación en los ejercicios del Tercio de Armada así como con otras unidades del Cuerpo, y de las FAS españolas y extranjeras. Los ejercicios iban siendo cada vez mas exigentes en paralelo a las capacidades que iba adquiriendo la unidad. La UOE hacía buena la frase de Danton de: "Audacia, mas audacia, siempre audacia".  El ingreso en la OTAN supuso la consolidación y ampliación de experiencias anteriores con unidades especiales de los países aliados, entre otras: las unidades de reconocimiento del USMC, los SEAL, el SBS y los Comandos de la IM del RU, los Incursori italianos, el GROFUMACO y el 2º REP francés.
Este exigente adiestramiento y los riegos asociados llevó consigo en ocasiones graves lesiones o la perdida de la vida. El ejemplo del sacrificio y el recuerdo de quienes las sufrieron, o habían entregado su vida en acto de servicio, estuvieron siempre presentes en la UOE.

2.6. Las Operaciones.
Desde su establecimiento, la UOE tomó parte en todas las operaciones que demandaran una unidad con una especial preparación; ya en el año 1969 participó en la evacuación de Guinea Ecuatorial y en la retrocesión de Sidi-Ifni a Marruecos. En la década de los 70 en la preparación y apoyo a la evacuación del  antiguo Sáhara Español en el ario 1974, y las operaciones de evacuación en el año 1975. La transición a la democracia también vio a la UOE participando en sucesivas operaciones de seguridad interna en el norte de España. A principios de los 80 una crisis en Guinea Ecuatorial requirió la activación de la Unidad, que en 1981  de nuevo se activó para una operación en las aguas de soberanía del Estrecho y preparar la ocupación de unas lanchas lanzamisiles de un país islámico.

A partir del año 1996 un equipo operativo de la UOE estuvo destacado en la ex-Yugoslavia, formando parte del contingente de IM incorporado a fuerza de la OTAN allí desplegada. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, equipos operativos de la Unidad participaron regularmente en las Operaciones de Interdicción Marítima a bordo de buques de la Armada en aguas del Océano Indico y el Mediterráneo. En 2002, la UOE también fue activada durante la crisis de la Isla Perejil.
En 2006 un destacamento de la UOE participó en la Misión de Naciones Unidas en el Líbano, formando parte del contingente de Infantería de Marina de apoyo a FINUL, y en esa década pasada, proporcionó a la operación de la UE en BiH la base para la constitución de una LRRP. Haití e Irak también vieron operar allí a sus destacamentos. Se podría concluir que durante su vida activa, la UOE acumuló una significativa experiencia en operaciones y ejercicios que facilitaron su consolidación como una extraordinaria unidad de Operaciones Especiales.

3. LA FASE DE PLENITUD.
En 1996, como consecuencia del Plan E01 IM (A), se establece la estructura de Brigada en el TEAR, que encuadra también a la UOE, que vive hasta el año 2009 su Fase de Plenitud, pues es ya considerada, según los estándares de la OTAN, como de OE, confirmando su importancia y la de los cometidos que desempeñaba, tanto en el nivel estratégico, operacional o táctico, que se resumían en Reconocimiento Especial, Acción Directa y Cometidos Colaterales. Solamente faltaba la certificación de sus capacidades.
Todas las experiencias en operaciones y ejercicios realizados durante años y los esfuerzos doctrinales, que incluían la asimilación e implantación de las últimas publicaciones aliadas de Operaciones Especiales, permitieron la plenitud operativa de la UOE y el convencimiento de que se había logrado el objetivo de tener una magnífica unidad de Operaciones Especiales, sin rival en las FAS españolas; solo faltaba un decidido apoyo para que la Armada completara su dotación de los medios de infiltración necesarios para su empleo y equipara a la unidad con medios modernos adecuados a sus cometidos, cosa que a menudo se escatimaba.
En la biblioteca de la veja UOE dormían dos publicaciones obtenidas en alguna colaboración con los SEAL, denominadas NWP15 "Naval Special Warfare" y su derivada "SEAL Teams in Naval Special Warfare", cuyo análisis evidenciaba muy pocas diferencias con la doctrina alidada de OE, solo que las particularizaba para el ámbito de la US Navy.
Convine recordar que los SEAL Team, surgen en la Marina de los EEUU, derivados de las unidades UDT, para hacer frente a la necesidad de disponer de fuerzas especiales orgánicas, sin tener que recurrir al U.S. Marine Corps, que orgánicamente no es de la U.S. Navy, al contrario que en España, cuya Infantería de Marina es el cuerpo de tropas orgánico de la Armada.  
Pues bien, en el año 2000 este concepto de  GNE se empezó a trasladar a la Armada para definir su contribución a la exigencia de fuerzas especiales conjuntas, y sancionaba para la UOE del primer decenio de este siglo, las misiones y cometidos que ya venía realizando, y bastante bien, por cierto. Solo le faltaba la capacidad avanzada subacuática que seguía siendo negada por el CBA con contumacia, y con la que solo contaba la UEBC. Podría haber sido muy fácil que la UOE hubiera logrado esa capacidad antes del 2000 si se hubiera contado con el apoyo decidido a sus propuestas, pero no fue así.
La principal novedad del concepto de la GNE para la Armada era doctrinal, pues suponía su reconocimiento como una área más de guerra en las operaciones navales, al nivel de la AAW, ASW...; aunque en síntesis no fuera más que las tradicionales OE, cuya doctrina estaba más que asentada, pero particularizadas para el ámbito marítimo. Además permitiría hacerla valer en las operaciones conjuntas como doctrina propia, a las que la Armada contribuía, aportando Tácticas, Técnicas, Procedimientos, plataformas de inserción navales y aéreas, y un Sistema de Mando y Control en tierra o embarcado.
Podemos afirmar que la Armada sabía que tenía necesidad de una capacidad de Operaciones Especiales, pero al parecer, tenía otras prioridades, por lo que hubo que esperar a septiembre de 2001 para que en su viaje a Damasco, se cayera del caballo y al ponerse en pie descubriera el mundo que se abría, y se diera cuenta de que contaba con una unidad lista para  ser empleada en el nuevo escenario, con alto nivel de adiestramiento y un fuerte espíritu, a la que había que apoyar con decisión.
Finalmente, la aprobación del concepto incluyó el establecimiento de un Mando, COMNAVES, inicialmente en el CG de la Flota, para coordinar la Unidad de Operaciones Especiales y la UEBC. El traslado de este mando a Cartagena en 2007 llevó consigo concentrar  allí, con carácter rotatorio, un equipo operativo de la UOE, del que tendría el control de su preparación. Además supuso su participación en las fases de preparación, certificación y activación del SOCC que lideraba España para la NRF 9, constituyendo la UOE la base del SOTG liderado por la Armada. Estas actividades certificaron el reconocimiento de la UOE como una unidad de OE con los estándares de la OTAN.
Pero en la posterior implantación del concepto de GNE  se impulsó una solución que supondría la creación de una nueva unidad,  fundiendo la amplia gama de capacidades que por tierra, mar y aire aportaba la UOE, con las avanzadas de buceo que proporcionaba la UEBC. Esta fue una innecesaria solución, pues había mejores alternativas que no hubieran supuesto la disolución de la UOE, pero que no contaron con los apoyos necesarios y cuya razón es de sobra conocida por quienes tuvieron que trabajar en este proceso. Además, de todo esto, el estacionamiento de la nueva unidad en Cartagena y el nuevo esquema de reclutamiento e instrucción de sus componentes, contó con la fundamentada y leal opinión en contra de muchos mandos del Cuerpo, pero una vez tomada la decisión se aceptó con la disciplina que caracteriza a la Infantería de Marina.
Total, que en mayo de 2009 se crea, con apoyo absoluto de la Armada, encuadrada en la Fuerza de Infantería de Marina, la llamada Fuer­za de Guerra Naval Especial, en la que se disuelve la Unidad de Operaciones Especiales, que al abandonar el  Tercio de Armada genera la nueva Unidad de Reconocimiento de la Brigada de IM, que en el año 2012 se transforma en la Compañía de Reconocimiento y Adquisición de Blancos.

4. CONCLUSIONES
1. La evolución de la UOE hasta llegar a ser una moderna unidad de OE, fue larga y no exenta de serias dificultades, con el apoyo de pocos y la incomprensión de muchos.
2. Los Comandantes de la UOE, en los 43 años de su historia, sufrieron muchas veces ellos solos los efectos de esa incomprensión, pero supieron conducirla con determinación a las más altas cotas de eficacia y prestigio, escribiendo una brillante página en la centenaria historia del Cuerpo.
3. Gracias al esfuerzo sostenido de todos los componentes de la UOE, la Armada pudo establecer la nueva FGNE, al encontrarse con una magnífica unidad, con un alto grado de preparación y un excelente espíritu; y esto no es una pequeña gesta.
4. Todos los que servimos en la vieja UOE no dudamos que la FGNE, como sucesora directa de la UOE y por tanto heredera de su espíritu,  tradiciones e historial, mantendrá y acrecentará este importante legado, que también comparte con la Compañía de Reconocimiento del TEAR.
5. El período de paz prolongada que ha vivido España durante la existencia de la UOE no estuvo exento de períodos de crisis y tensión, en los que demostró su permanente disponibilidad y eficacia. La prueba final no llegó, es cierto, pero en caso de que hubiera llegado, la UOE, sus boinas, habrían  marchado impertérritos al combate, haciendo honor al lema de "Valientes por tierra y por mar" y cumpliendo con el mandato de la historia del Cuerpo de IM de "vencer o morir". 

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